EL BALLET DEL INQUISIDOR Y LA BRUJA
D iablo omnipresente En cualquier ciudad o pueblo de la península, allá por los siglos XVI y XVII, se dieron causas contra mujeres y hombres malfamados, tenidos por hechiceros que, aplicando técnicas distintas ( «malas artes» ), creían entrar en relación, de forma más o menos explícita, con el Diablo. El Diablo anda por todas partes, según es bien sabido: pero las mujeres se entienden con él para satisfacer sus pasiones y odios, amorosos en gran parte, o para ganar dinero, vendiendo sus conocimientos mágicos a otras mujeres y hombres que también están dominados por la pasión, pero que se consideran ignorantes. Volvemos a los arquetipos. Circe, mujer seductora por sí misma, es hechicera. Medea, mujer violenta y frustrada en su amor, es hechicera. Canidia, terrible, es hechicera. Todas con propios fines. Pero aparecen además las viejas, sin ilusión erótica propia, que trabajan para otros. Ya salen en los costumbristas griegos y latinos, en...
