LA HISTORIA DEL TRAJE DE BRUJA

 ¿Por qué los trajes de bruja son así ?


Como siempre hay una respuesta en la Historia que, una vez contada, les parecerá lo más razonable del Mundo.

La explicación es bastante sencilla, la mayor parte del siglo XVII fue el punto álgido de la llamada “Gran Caza de Brujas”. Ciertamente hubo unos cuantos hombres que entraron a engrosar la lista de esa masacre que -pásmense- tuvo su mayor volumen de víctimas en lo que un día sería la mayor parte de la actual Alemania. Sin embargo, la mayoría de las víctimas eran mujeres por razones diversas que han sido explotadas, a conciencia, por determinadas interpretaciones feministas de la Historia, muy injustas para hombres como Urbain Grandier, o, sin ánimo de agotar la lista, John Proctor, que también recibieron su muy desagradable parte de aquella locura sanguinaria entre 1634 y 1692.

Dejando aparte esa controversia para otro momento y admitida la innegable presencia mayoritaria de mujeres en el número de las acusadas de Brujería, ya tenemos la explicación que nos desvela las razones por las que el disfraz de bruja es tal y como hoy lo conocemos y no de otra forma.

Sencillamente porque, de algún modo, quedó fijado en la memoria colectiva que una bruja debía tener el aspecto, más o menos, que tenía cualquier mujer del hemisferio occidental (es decir, Europa y sus colonias transatlánticas) digamos entre 1620 y 1690.

Así es, la mayor parte de las mujeres europeas o que habían adoptado la moda cotidiana exportada desde Europa, vestían así en esas fechas. Con una larga falda, una chaqueta corta ceñida en la cintura -se llamaba “ropilla” y era una prenda de esas que ahora llamamos “unisex”- y no era raro que, sobre las blancas tocas con las que se cubrían la cabeza para distinguirse de las prostitutas y otras gentes privadas de esa posesión tan valorada en la época -es decir, el honor o, al menos, la honra-, llevasen también un sombrero a la moda del momento. A saber: de ala bastante ancha y copa alta, ahusada -o más bien amelonada- hasta, más o menos, 1630 y algo más plana entre 1630 y finales de ese siglo XVII principal escenario de la “Gran Caza de Brujas”. Un origen, en todo caso, para ese sombrero “de bruja” más plausible que la coroza puntiaguda llevada por los condenados por la Inquisición, o el sombrero muy similar utilizado en ciertos ritos paganos, carentes los dos de ala de ningún tipo, pero aún así asociados también por algunos al origen de ese típico y tópico sombrero “de bruja”.

En algunas zonas aisladas de Europa, como podía ser el caso del mundo rural del País de Gales, ese atuendo femenino típico del siglo XVII sobrevivió hasta comienzos del siglo XIX. Es decir, lo suficiente como para que algunos espíritus románticos de los que abundaron en esas fechas, decidieran convertirlo en un supuesto traje “tradicional” galés. Como fue el caso de Lady Llanover, esposa, curiosamente, del encargado de erigir el hoy famoso Big Ben de Londres, así bautizado porque él se llamaba, precisamente, Benjamín. Sabrosa historia que disfrutaron del placer de contar algunos historiadores como los que tomaron parte en el volumen colectivo “La invención de la tradición”, dirigido por Eric J. Hobsbawm y Terence Ranger.


Rilova Jericó, Carlos. Lunes, 4 noviembre 2013La Historia del traje de bruja. Algo de qué hablar en la resaca de “Halloween” (antes Noche de difuntos).EL DIARIO VASCO

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